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aves migr 1Como es lógico cuando alguien se traslada desde el que ha sido su lugar de origen o donde ha desarrollado una parte de su vida a un sitio nuevo, ese cambio tiene consecuencias, produce efectos. La emigración expone a la persona a nuevas situaciones: distinto clima, alimentación, costumbres sociales, geografía, códigos de comportamiento, etc. y si no se está lo suficientemente preparado o atento a esos cambios que serán repentinos e instantáneos desde el primer día en que se está en el lugar de destino, la novedosa situación puede pasarnos por encima como una aplanadora dejándonos sumidos en un estado que puede llegar a ser literalmente penoso.

Duelo migratorio, Síndrome de Ulises, morriña, nostalgia del emigrante, trastorno distímico, depresión del extranjero, etc. Existen diversas denominaciones aplicadas al conjunto de sentimientos y estados de ánimo que se manifiestan en la persona emigrante, pero existe un patrón común que aplica a la práctica totalidad de los emigrantes.

Ese patrón común es la sensación de pérdida, de trisetza en algunos momentos, donde se extraña y añora el sitio que hemos dejado, la familia, los amigos, los lugares geográficos, etc. y afecta a prácticamente todas las personas convertidas en emigrantes. Es un proceso complejo desde el punto de vista psicológico y como tal debería ser abordado por el protagonista.

La inmensa diferencia entre resolver adecuada y sanamente un proceso de duelo o vernos envueltos en un problema de tipo psicológico a largo plazo producto de la migración, puede ir en directa relación al grado de planificación, previsión y preparación que tome la persona con respecto a la modificación inevitable que un cambio de residencia genera. Si lo abordamos debidamente, de una manera adecuada y haciendo los cálculos pertinentes, la emigración, a menos que surjan imprevistos de mucho calado, no tiene por qué producir trastornos graves ni un proceso de duelo demasiado extendido en el tiempo.

El duelo migratorio, producto de un traslado o modificación de nuestras circunstancias desde el punto de vista geográfico posee una gran diferencia respecto del proceso que genera la pérdida de un ser querido y es que en el primer caso el objeto que origina el sentimiento de pérdida no desaparece, sigue allí, solo que a muchos kilómetros de distancia.

Una frase que tal vez pudiera resumir el final del proceso de duelo migratorio sería: ya no duele, pero la cicatriz está allí, difuminándose con el paso del tiempo aunque sabemos que nunca llegará a desaparecer del todo.

En próximas entregas incidiremos con mayor detalle en este proceso que es medular para cualquier persona involucrada en un proceso migratorio.

¿Cómo has manejado ese duelo? ¿Sabías que está bastante estudiado y que se denomina así al conjunto de sentimientos y efectos producto de la emigración?

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